Diseño de servicios de Platea: diseñar una experiencia es diseñar un sistema

Platea no es un espacio cualquiera.

Más de 6.000 m² en el centro de Madrid, múltiples plantas, gastronomía, espectáculos, eventos, tecnología, equipos operando en paralelo. Un lugar pensado para acoger desde presentaciones hasta experiencias completas donde conviven ocio, restauración y producción en vivo .

Y precisamente por eso, no es un proyecto que se pueda abordar desde una lógica lineal.

Cuando empezamos a trabajar en Platea, lo que había no era solo un espacio que diseñar, sino un sistema complejo que entender.

— Diferentes actores con intereses distintos
— Un modelo de negocio aún por definir
— Una experiencia que debía ser coherente en múltiples puntos de contacto
— Y una operación que tenía que sostener todo eso en el día a día

En ese contexto, el taller de Design Thinking no era una fase más del proyecto. Era una herramienta para alinear el sistema.

Más allá de los workshops

Los talleres de Design Thinking suelen asociarse a dinámicas de ideación, post-its y generación de ideas. Pero en este caso, el objetivo era otro.

No se trataba de pensar “qué podríamos hacer”, sino de entender:

— Qué estábamos construyendo realmente
— Qué tipo de experiencia queríamos activar
— Y qué implicaciones tenía eso a nivel de operación

Porque en un espacio como Platea, la experiencia no es una capa superficial.

Es la consecuencia de cómo se organizan las decisiones.

“El diseño no es una capa, es una forma de estructurar lo que ocurre.” — Adaptado del pensamiento en Service Design

Alinear antes de diseñar

El taller permitió poner sobre la mesa algo que no siempre es evidente: que cada decisión de diseño tiene impacto en múltiples dimensiones.

— Lo que se promete afecta a la operación
— Lo que se diseña afecta al modelo de negocio
— Lo que se comunica afecta a la expectativa

Y cuando todo eso no está alineado, aparecen las fricciones.

Por eso, una de las primeras funciones del taller fue generar una comprensión compartida del sistema.

No solo de los usuarios, sino de:

— Cómo funcionaría el espacio
— Qué relaciones se generarían
— Qué tensiones había que resolver

Diseñar relaciones, no espacios

Uno de los principales cambios de enfoque fue entender que no estábamos diseñando un espacio gastronómico.

Estábamos diseñando un conjunto de relaciones:

— Entre visitantes y oferta
— Entre marcas y experiencia
— Entre lo que ocurre en el escenario y lo que ocurre en el resto del espacio
— Entre lo visible y lo que lo hace posible

En ese sentido, el trabajo dejó de ser únicamente de diseño de espacios o de branding, para convertirse en diseño de servicio.

“Diseñar servicios es diseñar cómo las cosas funcionan juntas.” — Marc Stickdorn

Del concepto a la viabilidad

Otro de los aprendizajes clave fue que no todas las ideas son sostenibles en un sistema real.

El taller ayudó a identificar:

— Qué propuestas tenían sentido desde la experiencia
— Cuáles eran viables desde la operación
— Y cuáles generaban más complejidad que valor

Ese filtro es el que transforma un ejercicio creativo en una herramienta estratégica.

Porque diseñar no es solo imaginar, es decidir.

Lo que realmente ocurre en un taller

Desde fuera, un taller puede parecer un momento puntual dentro del proyecto.

Pero en la práctica, cuando está bien planteado, es un punto de inflexión.

Es el momento en el que:

— Se alinean visiones
— Se hacen visibles las tensiones
— Y se empiezan a tomar decisiones con más criterio

En el caso de Platea, ese taller no definió solo ideas.

Definió una forma de entender el proyecto.

Diseñar en sistemas complejos

Proyectos como este evidencian algo que no siempre es obvio: que el diseño no ocurre en piezas aisladas.

Ocurre en sistemas donde todo está conectado.

Y donde el verdadero reto no es tanto crear algo nuevo, sino conseguir que todo funcione de forma coherente.

Porque en última instancia, la experiencia no está en el espacio.

Está en cómo todo lo que ocurre dentro de él tiene sentido.